El océano en la olla

E – Periódico – 19.06.2012

Mediterránea Agua de Mar quiere convertir en negocio un uso gastronómico tradicional en zonas de costa como es cocinar con agua del océano y ya ha firmado un acuerdo de distribución con El Corte Inglés.

Cuando cursaron el master in business administration (MBA) en la Universitat de Barcelona (UB), hace tres años, les dijeron que su idea no podría convertirse en negocio por las trabas administrativas y burocráticas que conlleva. 
Hoy, Francesc Carrillo (34 años) y Albert Fernández (28)– se conocieron durante el máster–, han sellado ya acuerdos de distribución con el Corte Inglés para suministrar su producto bajo la marca Mediterránea Agua de Mar, que extraen de un punto fijo entre Palamós y Blanes, en la Costa Brava, y otras dos áreas de la misma zona. Se trata de convertir en un negocio un uso gastronómico tradicional en zonas costeras.
Pero no todo es obtener la materia prima que, sobre el papel, es muy barata, por no decir gratuita. Y es que una cosa es extraer unos cubos de agua de mar –lo que hacen algunos restaurantes para elaborar arroces con sabor marino, aunque está prohibido—y la otra es hacerlo de forma industrial como hacen ellos.
De hecho tardaron un año en conseguir que la Conselleria de Salut tipificara este producto y eso les hace recordar lo que les advertían cuando estudiaban el máster: todos esos elementos relacionados con permisos y licencias que uno no incluye siempre en el plan de negocio. También son bastante complicadas las autorizaciones municipales, portuarias, etcétera, afirman.
Los dos emprendedores tienen patentado el sistema de extracción, tratamiento e incluso de empaquetado del agua de mar. Cuentan en total con una capacidad productiva de 20.000 litros semanales, de los que en la actualidad utilizan la mitad, lo que les hace ser optimistas sobre su potencial.
El agua de mar pasa por prefiltros, luego a depósitos, pasa de nuevo por filtros farmacéuticos y posteriormente se lleva a analizar a los laboratorios Silliker Ibérica en Mercabarna. El objetivo es vender este año un total de unos 200.000 litros.
«La idea es que nuestro expositor esté en la zona de pescadería, ya que el principal uso es para cocinar pescado o marisco» aunque tiene otros, explican.
No solo se puede usar para cocinar marisco (100% agua de mar) o pescado (85% agua de mar) si no para otros productos que van desde las patatas (45% agua de mar) hasta las ensaladas (15%). Permite no solo ahorrar agua corriente sino sal. Lo venden en unos envases con grifo incorporado que encargaron a la agencia Common Sense. Se vende en formatos de 1,5 litros por 2,40/ 2,50 euros; tres litros, por 4,60 euros; y el especial para hostelería y restauración de 22 litros, por 12 euros.
Hasta la fecha han implicado en el proyecto a sus familias, amigos e incluso a sus respectivas novias. «Se han empleado unos 300.000 euros y todavía no se generan ganancias», afirman. Ahora tratan de conseguir otros 150.000 euros de capital y han mantenido contacto con algunos inversores privados ( business angels ). Con esa cifra están convencidos de que el negocio iría viento en popa.
Tras El Corte Inglés, su gran esperanza es el canal de hostelería y restaurantes, para el que han creado un envase de 22 litros. En total son cinco personas trabajando, ellos dos y otras tres. Tanto en la planta industrial en Llinars del Vallès como en las oficinas que ocupan en el centro de Barcelona, cuentan con el apoyo del centro especial de ocupación Més que Iniciatives.
Son conscientes de que el producto requiere «un cambio cultural». Albert bromea y recuerda que su propia madre «ha empezado a usarla para cocinar hace apenas dos semanas». Se trata de «llevar la alta cocina a casa recogiendo la tradición de los pueblos marineros», explican.
Aunque tienen interés por salir al exterior, prefieren concentrarse primero en consolidar el negocio en España y alcanzar el punto de equilibrio (ni perder ni ganar) en el plazo de un año y medio o dos. «La situación el mercado no acompaña, pero con una acogida media tendría suficiente», explica Francesc.
Los dos emprendedores tratan además de buscar nuevas utilidades al producto, para que, en el futuro, no se quede limitado al mundo culinario y tenga más salidas. Para ello trabajan con empresas del Parc Científic de Barcelona en otro tipo de productos como los sueros isotónicos, por ejemplo. Todo ello está en fase de análisis de viabilidad.

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